Sacado del libro, “Los derechos Internos”.

Cuando llegamos a entender la verdadera naturaleza de nuestra identidad, nos sorprendemos no por la experiencia de la iluminación, sino por su sencillez. Podemos ver que todos los esfuerzos anteriores para ser Uno con lo divino, para progresar, para sanar y mejorar uno mismo eran simplemente ejercicios para educar al intelecto. Pero estos esfuerzos, al final, confundieron la simplicidad de entender la verdadera naturaleza de uno mismo.

En algún momento, pensé que la realidad  sin erudición que yo estaba viviendo, estaba tan lejos de la verdad interior de lo que yo era, que no podía ni siquiera considerar la posibilidad de la iluminación en mi tiempo de vida. Imaginaba la iluminación como una eterna paz frente a las experiencias de la vida, una visión aguda y demostraciones de poderes ocultos.

Básicamente, creía todo lo que había oído acerca de las descripciones de otras personas sobre  la iluminación. Al confrontar estas fantasías, adquirí claves valiosas para entender verdaderamente la liberación.

Pensé que tenía que hacer todo ese yoga, kriyas (acciones de purificación), trabajo de sanación y asesoramiento. Tenía una agenda espiritual de bondad y pureza que tenía que lograr.

En retrospectiva, esta lista de tareas estaba simplemente reafirmando mi concepto de que yo estaba incompleta, que yo era la que estaba a cargo, y que yo aún no estaba lista ni apta. Por supuesto, no había ningún momento que lograba ser apto y “mi lista de tareas espirituales” nunca terminaba.

Finalmente, tomé un enfoque diferente: el enfoque de inclusión. Me dije a mí misma: si estoy enojada o tengo un ego o tengo pensamientos y emociones desagradables, las voy a dejar solas. No voy a intervenir, y les voy a dar la bienvenida en mi paleta de experiencias.

Eso fue todo. Comencé a notar un espacio tranquilo, una sólida paz y compasión para todos.

ENTENDI el orden y el sentido de lo que soy.

Y era eso todo? Yo estaba perpleja por la simplicidad y busqué confirmación de mi maestro iluminado.  Luego de unos pocos días de satsang –proximidad cercana – y pude compartir mis ideas y fui capaz de “comprobar” si tenía la correcta percepción. Su confirmación fue una iniciación para que esa comprensión descendiera hacia el corazón, y un reaseguramiento.

Primero llego la comprensión de un determinado Orden Divino, y lo que siguió fue la descensión de este entendimiento al centro del corazón. Mi percepción de la realidad cotidiana (incluyendo mi habilidad de pensar, sentir y funcionar) no cambió. Mi vida “terrenal” no fue afectada por esta percepción de totalidad, orden y entrega.

Sabiendo que estoy completa, realmente no necesito nada para ser feliz o estar conforme,  y no evito el dolor o busco mejorías.

Tengo, sin embargo, una percepción de lo sencillo que es la iluminación y puedo ver que la mayoría de las personas sufren de una u otra forma por no percibirse a sí mismos o a su realidad correctamente. Desde este espacio, decidí facilitar esta comprensión, por medio de apoyar a quienes están seriamente cansados de tratar de ser algo que no es.

Pienso que cada individuo tiene el derecho interno de sobrepasar sus limitaciones mentales y ver su naturaleza real. Pienso que en estos momentos, la humanidad incocientemente buscaresolver su estado de sufrimiento interior y desea ver herramientas que le den dignidad y correcta evaluación de quienes somos.

En este libro se muestran aspectos del “yo infantil”, de la personalidad y de los ciclos de transformacion que pueden provocar una restructuración de cómo nos percibimos y como manejamos nuestra vida.

Tenemos que confiar que solo el hecho de ver honestamente nuestras limitaciones, es suficiente para hacer un cambio interno. Tenemos que sacarnos de la cabeza que tenemos que “hacer” cosas extraordinarias para curarnos y ganar de vuelta nuestra dignidad personal. Mirar nuestra naturaleza real y divina es muy simple; solo tenemos que comprender nuestras falsedades y escoger vivir con integridad, compasion y armonia.

El derecho interno es una oportunidad de contemplacion, sanación y  reclamación de una vida digna, sabia y compasiva.